La noche se apoderaba de todo cuanto hay. El negro cielo contrarrestaba el aire liviano, cálido pero fresco al tacto.
Los pájaros cantaban posados junto a los búhos, anonadados por la presencia de los pacíficos invasores.
Nubes y estrellas peleaban por reinar el imperturbable cielo.
Hogares con las luces apagadas donde las familias disfrutaban de la cena.
Una chica con la piel del color del maíz y su vestido danzaban al son del viento, junto a un anciano de rostro apacible, cuidadosamente cubierto con un sobretodo y una gruesa bufanda oscura como su tez.
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Se alejó del lienzo y lo admiró. Estaba parcialmente terminado, salvo un pequeño espacio cuya posesión la Luna y el Sol disputaban en su cabeza.
Decidió descansar. Se sentía agobiada por la indecisión y le dolían los brazos por las pinceladas.
Estaba orgullosa de su creación, y aunque sabía que pocos tendrían la capacidad de entenderla para poder apreciarla, su emoción no vaciló ni un instante.
Ya acostada, una idea le relampagueó en la cabeza.
Se levantó y sin siquiera cubrirse se lanzó al atelier. Tomó el pincel, pinturas amarilla y blanca, y consumó su obra.
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- Esta pintura desentona con el resto de la exposición, y su contenido es vano - escuchó que decía una señora que sostenía una copa de champagne en la mano. Su vestido de seda azul combinaba a la perfección con los zapatos y las joyas que cubrían cualquier parte de su piel que su prenda dejara a la vista.
Decidió, después de vacilar, ignorar el comentario. Sin embargo permaneció cerca de la mujer, mirando sin ver una escultura africana, trabajo de un artista extremadamente talentoso que tuvo más éxito en Europa que en su propio continente.
El dueño de la galería, a quien iba dirigido el comentario de la dama, intentó explicarle que a simple vista quizá la pintura no tuviera sentido, pero si se esforzaba lo encontraría.
Por su reacción parecía haberse ofendido. Comenzó una falaz discusión.
Al final, el propietario del lugar se marchó resignado y ofendido.
Tras unos minutos, cuando la mujer del vestido azul se disponía a continuar el recorrido con evidente orgullo y aire triunfante, se alejó de la escultura africana y decidió que era momento de hablarle.
Con aire sosegado se paró frente a ella y no le quedó una palabra sin ser dicha.
- Usted dice que ha viajado por todos los países que forman este planeta y visitado millones de exposiciones de arte, razón por la cual puede determinar de inmediato si esta pintura tiene fundamento.
Argumentó que ha visto todo cuanto hay en este mundo referido a lo artístico. Pero déjeme decirle que estoy casi segura de que nunca pudo apreciarlo.
Para usted el día y la noche son opuestos, cuando la realidad es que se complementan.Cuando aquí reina el más brillante Sol, en algún lugar de la otra mitad de la Tierra impera la Luna. Ninguno sería sin el otro.
Lo mismo con todos los aspectos descritos en ese lienzo.
Este cuadro es el mundo congelado en un instante, cuyas varias piezas fueron combinadas en un solo plano.
Su problema es el de muchos. Al no ver las cosas juntas, afirman que no lo están. Para usted una niña de vestido nunca podría correr junto a un hombre sumamente abrigado, porque o hace frío, o hace calor. No mira más allá de su entorno.
El maldito convencimiento de ver para creer.
¿Y sabe cuál es el problema? Que para ver primero hay que aprender a mirar.
Lo tiene frente a sus ojos y aún así, no lo ve.
que buenaaa Sofi, me encantó!!!
ResponderEliminarGracias Vitorino!
ResponderEliminarHola, pasé, me encantó, aunque luego leeré con más detenimiento. Te invito a que le eches una mirada a mi blog. Saludos http://andrespirolo.blogspot.com.ar/
ResponderEliminarMuchísimas gracias! Ahora leo el tuyo, saludos
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