lunes, 11 de agosto de 2014

Parte 1

     Se levantó cantando una canción que no recordaba haber escuchado hacía ya mucho tiempo. Estaba acostumbrado, los sueños indescifrables y las letras que fluían por su cabeza sin sentido aparente eran cosas de todos los días.
     Lentamente se dirigió al aparato reproductor que reposaba sobre la mesa del comedor.
     Música al fin.
     ¿Qué canción quería escuchar? ¿Qué pensarían los vecinos si hasta sus oídos llega un rock pesado a las 7 de la mañana? ¿Y si ponía un melódico?
Con todas estas preguntas sin responder, y bajo la incógnita mayor de por qué las estaba planteando, llegó al cuestionamiento más difícil de afrontar.
     ¿Qué música reproduciría si en ese momento estuviera absolutamente aislado?
     Sintió que se caía. Era la primera vez que le sucedía completamente consciente.  Ya había experimentado esa sensación mientras se dormía.
     Estar volando pacíficamente, absoluto silencio y tranquilidad. Una caída. La cama.
     Decidió reprimir esas ideas, era lo más conveniente.
     Se fue a interactuar con un mundo al cual suponía no querer pertenecer mientras vivía pendiente de las repercusiones de sus actos en él.
     Sin embargo su mente solo estaba en esa mañana, su apartamento y el reproductor de música. Como un círculo vicioso cualquier aspecto que recordaba de las horas previas lo conducía inexorablemente a pararse en la misma cornisa.

     Sintió que gritaban su nombre. No logró reconocer el tono de voz, ni visualizar a quién emitía ese sonido ahogado, como llorando.
     Avanzó en la oscuridad con el eterno e ineludible miedo de chocarse contra algo, lo que fuera.
     Una repentina luz lo cegó. Cuando sus ojos se acostumbraron, vislumbró en la lejanía una figura incompatible con cualquier ser que conociera.
     El deseo avasallante de correr hacia ella lo colmó mientras pensaba que después de todo no solo en las películas las personas se dirigen voluntariamente a lo que parece ser un monstruo. Decidió tomar nota mental de eso para analizar esa conducta humana,  si lograba salir de donde sea que se encontrara encerrado.
     La luz se transformó en completa oscuridad en menos de un segundo. Fue tan repentino que ni siquiera lo notó hasta que sintió las sábanas rozando su torso desnudo.
     Misma historia interminable e inentendible.


     Otra canción lo acompañó esta vez. Sin embargo la situación era análoga a la de los días previos.
     Estaba acostumbrado a lidiar con eso. Al principio le parecía asombroso y pasaba horas intentando saber el por qué de esa melodía y letra apareciendo en su cabeza. Pero con el tiempo se tornó frustrante.
     Caminó en línea recta desde la cama hasta el aparato de música. Lo encendió y aunque – y porque – intentó evitarlo, la misma pregunta empezó a darle vueltas.
     ¿Qué pasaría si no hubiera ninguna influencia externa?
     Estaba sumido en sus pensamientos, intentando comunicarse consigo mismo, cuando alguien tocó la puerta y lo hizo salir.


     - ¿Acaso es imposible estar a solas con uno, sin que tarde o temprano un factor externo te obligue a abandonar ese estado? – pensó en voz alta, aprovechando que en ese momento nadie podía oírlo. 

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