Se levantó cantando una
canción que no recordaba haber escuchado hacía ya mucho tiempo. Estaba
acostumbrado, los sueños indescifrables y las letras que fluían por su cabeza
sin sentido aparente eran cosas de todos los días.
Lentamente se dirigió al
aparato reproductor que reposaba sobre la mesa del comedor.
Música al fin.
¿Qué canción quería
escuchar? ¿Qué pensarían los vecinos si hasta sus oídos llega un rock pesado a
las 7 de la mañana? ¿Y si ponía un melódico?
Con todas estas preguntas
sin responder, y bajo la incógnita mayor de por qué las estaba planteando,
llegó al cuestionamiento más difícil de afrontar.
¿Qué música reproduciría
si en ese momento estuviera absolutamente aislado?
Sintió que se caía. Era
la primera vez que le sucedía completamente consciente. Ya había experimentado
esa sensación mientras se dormía.
Estar volando
pacíficamente, absoluto silencio y tranquilidad. Una caída. La cama.
Decidió reprimir esas
ideas, era lo más conveniente.
Se fue a interactuar con
un mundo al cual suponía no querer pertenecer mientras vivía pendiente de las
repercusiones de sus actos en él.
Sin embargo su mente solo
estaba en esa mañana, su apartamento y el reproductor de música. Como un
círculo vicioso cualquier aspecto que recordaba de las horas previas lo
conducía inexorablemente a pararse en la misma cornisa.
Sintió que gritaban su
nombre. No logró reconocer el tono de voz, ni visualizar a quién emitía ese
sonido ahogado, como llorando.
Avanzó en la oscuridad
con el eterno e ineludible miedo de chocarse contra algo, lo que fuera.
Una repentina luz lo
cegó. Cuando sus ojos se acostumbraron, vislumbró en la lejanía una figura
incompatible con cualquier ser que conociera.
El deseo avasallante de
correr hacia ella lo colmó mientras pensaba que después de todo no solo en las
películas las personas se dirigen voluntariamente a lo que parece ser un
monstruo. Decidió tomar nota mental de eso para analizar esa conducta humana, si lograba salir de donde sea que se
encontrara encerrado.
La luz se transformó en
completa oscuridad en menos de un segundo. Fue tan repentino que ni siquiera lo
notó hasta que sintió las sábanas rozando su torso desnudo.
Misma historia
interminable e inentendible.
Otra canción lo acompañó
esta vez. Sin embargo la situación era análoga a la de los días previos.
Estaba acostumbrado a
lidiar con eso. Al principio le parecía asombroso y pasaba horas intentando
saber el por qué de esa melodía y letra apareciendo en su cabeza. Pero con el
tiempo se tornó frustrante.
Caminó en línea recta
desde la cama hasta el aparato de música. Lo encendió y aunque – y porque –
intentó evitarlo, la misma pregunta empezó a darle vueltas.
¿Qué pasaría si no
hubiera ninguna influencia externa?
Estaba sumido en sus
pensamientos, intentando comunicarse consigo mismo, cuando alguien tocó la
puerta y lo hizo salir.
- ¿Acaso es imposible
estar a solas con uno, sin que tarde o temprano un factor externo te obligue a
abandonar ese estado? – pensó en voz alta, aprovechando que en ese momento
nadie podía oírlo.
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