viernes, 29 de agosto de 2014

Arte.

¿Existe el arte sin artistas?

Los tildan de vagos, ilusos soñadores en busca de una meta inalcanzable. Critican sus elecciones por no ajustarse al molde de su sociedad ideal, por rechazar lo establecido y borrar el margen.

Nunca se enjuicia la importancia del arte en la vida cotidiana. Pero los artistas siempre están en el ojo de alguna tormenta.

Lógicamente sería hipócrita que una persona denigre el arte si paga miles de papelitos por tener un cuadro, o gasta de su sueldo en ir a ver la ópera, por ejemplo.

¿Pero no lo es también que juzguen a quien ejecuta las obras que tanto admiran?

Generalmente si uno no es un renombrado artista, se lo señala como alguien que no quiere estudiar, un hippie que no tiene nada mejor que hacer que tocar la guitarra todo el día, nada productivo.

¿Acaso los más destacados nacieron consagrados?

Me tomo el atrevimiento de afirmar que todos disfrutamos de una buena canción, una pintura o un libro.

El arte es extenso, se manifiesta en millones de formas.

Un papel firmado por una persona que estudió lo mismo antes que vos no te hace mejor que otros.

Es algo que se siente, se estudia, se practica y se ejecuta con entrega, dedicación, esfuerzo y voluntad; como cualquier disciplina o carrera formal.

Engrandece, da libertad, una manera de expresión indiscutible. Es propio mientras brinda la posibilidad de relacionarse con gente unida por la misma pasión.

¿Cómo puede ser tan criticado y poco valorado el trabajo de los artistas?

¿Por qué se denigra de esa manera en la sociedad en la que vivimos el no querer ser funcional?

Nos mueven otras cosas.

Usted se llena la boca de farisaicas palabras contra el arte, pero está leyendo esto.

Dejemos los prejuicios, seamos conscientes del valor de las disciplinas artísticas.

Porque lo queramos aceptar o no, lo apreciemos o no, lo que une a todos los seres humanos, nos ayuda a expresarnos, nos emociona y nos rodea, es el arte.

Miremos a un artista callejero que decidió jugársela por lo que ama, saliendo de su zona de seguridad, sabiendo que podría quizá haber estudiado una carrera y tener sueldo fijo y tranquilidad. Eso es un ejemplo de vida, de lucha.

“Puedo arrostrar tener el bolsillo vacío, pero se me haría insoportable buscar dentro de mí y no encontrar nada.”

Valientes.

Valoremos.


“Yo sí creo que el arte puede cambiar el mundo”

miércoles, 27 de agosto de 2014

Vidas

     Eran las dos de la mañana de una noche gélida. La temperatura estaba sin duda alguna por debajo de los 0 grados. Pero ellos no sentían el frío. Una especie de efecto placebo se los impedía. Afuera el ruido de las ramas golpeando contra la ventana actuaba de orquesta. 
     Sin embargo, ellos no sentían ni escuchaban nada.
     Yacían en su cama, abrazados, extasiados, completos. 
     Se movió lentamente deslizando su mano por el pecho del hombre que amaba y se acomodó plácidamente sobre su hombro hasta quedar profundamente dormida.
     Él tenía la mirada fija en el techo, que no se la devolvía. Eso era lo que buscaba. No deseaba que la culpa que sentía fuera captada por el Universo.
     No podía parar de jugar con el anillo que tenía en su mano izquierda como su mente no cesaba de jugar con él.
     Le daba vueltas en su dedo, como las ideas en su cabeza.
     Tendía a manifestar físicamente las actitudes internas.
     Se levantó y se fue dejándola ahí acostada, sola. Algunas lágrimas amagaron brotar de sus ojos, pero las contuvo. No se permitiría el lujo de llorar decisiones propias.
     Condujo sin prisa, atrasando la llegada. Se sentía seguro en ese limbo entre inicio y final donde no había límites.
     El deber y el querer luchaban dentro suyo con ganas de empatar.
     Cuando llegó a su casa notó que había perdido la batalla contra las lágrimas. 
     Pasó por el cuarto de su hijo, le dio un beso y lo contempló. Lo amaba más que a nadie en este mundo.
     En puntitas de pie, temblando como de costumbre, entró a su habitación y se acostó como todas las noches al lado de su esposa.

martes, 26 de agosto de 2014

A la par

Encontramos un acompañante en nuestro viaje, el mejor que podríamos haber imaginado.
Con el tiempo nos acostumbramos a caminar codo a codo, a levantarnos mutuamente. Aprendemos de las similitudes y diferencias. Establecemos cierta distancia si nos sofocamos de pero sabemos que si queremos podemos acercarnos.
La mano que no falta ni falla. No nos suelta. Y si no puede sostenernos, baja con nosotros hasta que desciframos cómo seguir.
Pero en algún momento los caminos se dividen. Cada uno decide llegar por una ruta diferente inexorablemente al mismo lugar. El disfrute del recorrido tiene significados distintos.
¿Cómo se sigue solo después de haber conocido la felicidad de hacerlo acompañado?
Con la fuerza de los sentimientos que trascienden barreras físicas intentamos consolar un alma herida por la invencible arma de la distancia.
Dos caminos. Dos caminos que seguramente converjan en algún punto en cierto tiempo.
Dos mentes. Dos mentes que vagan en busca de lo que desean.
Dos individuos, dos historias independientes y una historia compartida.
Mirar para atrás y ver dos pares de huellas en la tierra que solo pisó una persona.
Amistad.

lunes, 18 de agosto de 2014

Somos ellos, son nosotros.

"Ya está", "olvidate"
¿Acaso existe alguna experiencia que no nos deje marca alguna? ¿Es posible situar algo en el pasado sin que tenga la más mínima repercusión en el ahora?
"Ya pasó" dicen muchos. Sí, el hecho concreto culminó, pero ¿y las consecuencias?
Nadie puede borrar su memoria voluntariamente.
Negar porque no se ve es necedad.
Las cosas cambiaron, es cierto. Ahora podemos sentarnos a tomar mate en la rambla sin miedo a que nos lleven a la cárcel, si no estudiamos es porque no queremos, o por otros impedimentos; pero no porque un policía va a estar esperando en la puerta del liceo para revisarnos. Ahora tenemos boleto estudiantil gratuito.
¿Pero por qué cambiaron?
Porque un grupo de personas se unió y decidió pelear por ellos y por nosotros, por los derechos que nos arrebataron.
Que ahora saquemos la boletera cuando subimos al bondi como si nada, tiene toda una lucha atrás.
La magnitud de la historia es mucho mayor de lo que vamos a llegar a conocer.
Lo que nos queda son historias, personas que lo padecieron, anhelos, recuerdos y promesas.
Nadie acusa de irrespetuoso o traidor a quien no se sienta parte de esto; porque es una invitación a voluntariamente ser parte de la sociedad en la que vivimos.
Siempre hay motivos para unirse y pelear por un fin común, aunque no sean los mismos que los de otra época y no nos parezcan tan nobles.
Porque el país lo construimos nosotros, y tenemos que demostrar que ser joven no es delito.
Hoy, más que nunca, propongo reflexionar acerca de esto, pensar en los que dejaron todo en esos momentos más por nosotros que por ellos.
No es un deber dejarle un buen país a las generaciones siguientes, pero podría ser un deseo de todos.
La forma de demostrarles a los que siguen acá, y a los que se fueron, que nada fue en vano, que además de todos los cambios que lograron, lo más importante que nos dejaron, fue el espíritu de lucha.
Salú!

miércoles, 13 de agosto de 2014

Creer para ver.

La noche se apoderaba de todo cuanto hay. El negro cielo contrarrestaba el aire liviano, cálido pero fresco al tacto.
Los pájaros cantaban posados junto a los búhos, anonadados por la presencia de los pacíficos invasores.
Nubes y estrellas peleaban por reinar el imperturbable cielo.
Hogares con las luces apagadas donde las familias disfrutaban de la cena.
Una chica con la piel del color del maíz y su vestido danzaban al son del viento, junto a un anciano de rostro apacible, cuidadosamente cubierto con un sobretodo y una gruesa bufanda oscura como su tez.

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Se alejó del lienzo y lo admiró. Estaba parcialmente terminado, salvo un pequeño espacio cuya posesión la Luna y el Sol disputaban en su cabeza.

Decidió descansar. Se sentía agobiada por la indecisión y le dolían los brazos por las pinceladas.
Estaba orgullosa de su creación, y aunque sabía que pocos tendrían la capacidad de entenderla para poder apreciarla, su emoción no vaciló ni un instante.
Ya acostada, una idea le relampagueó en la cabeza.
Se levantó y sin siquiera cubrirse se lanzó al atelier. Tomó el pincel, pinturas amarilla y blanca, y consumó su obra.

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- Esta pintura desentona con el resto de la exposición, y su contenido es vano - escuchó que decía una señora que sostenía una copa de champagne en la mano. Su vestido de seda azul combinaba a la perfección con los zapatos y las joyas que cubrían cualquier parte de su piel que su prenda dejara a la vista.

Decidió, después de vacilar, ignorar el comentario. Sin embargo permaneció cerca de la mujer, mirando sin ver una escultura africana, trabajo de un artista extremadamente talentoso que tuvo más éxito en Europa que en su propio continente.
El dueño de la galería, a quien iba dirigido el comentario de la dama, intentó explicarle que a simple vista quizá la pintura no tuviera sentido, pero si se esforzaba lo encontraría.
Por su reacción parecía haberse ofendido. Comenzó una falaz discusión.
Al final, el propietario del lugar se marchó resignado y ofendido.
Tras unos minutos, cuando la mujer del vestido azul se disponía a continuar el recorrido con evidente orgullo y aire triunfante, se alejó de la escultura africana y decidió que era momento de hablarle.
Con aire sosegado se paró frente a ella y no le quedó una palabra sin ser dicha.
- Usted dice que ha viajado por todos los países que forman este planeta y visitado millones de exposiciones de arte, razón por la cual puede determinar de inmediato si esta pintura tiene fundamento.
Argumentó que ha visto todo cuanto hay en este mundo referido a lo artístico. Pero déjeme decirle que estoy casi segura de que nunca pudo apreciarlo.
Para usted el día y la noche son opuestos, cuando la realidad es que se complementan.Cuando aquí reina el más brillante Sol, en algún lugar de la otra mitad de la Tierra impera la Luna. Ninguno sería sin el otro.
Lo mismo con todos los aspectos descritos en ese lienzo.
Este cuadro es el mundo congelado en un instante, cuyas varias piezas fueron combinadas en un solo plano.
Su problema es el de muchos. Al no ver las cosas juntas, afirman que no lo están. Para usted una niña de vestido nunca podría correr junto a un hombre sumamente abrigado, porque o hace frío, o hace calor. No mira más allá de su entorno.
El maldito convencimiento de ver para creer.
¿Y sabe cuál es el problema? Que para ver primero hay que aprender a mirar.
Lo tiene frente a sus ojos y aún así, no lo ve.

lunes, 11 de agosto de 2014

Parte 1

     Se levantó cantando una canción que no recordaba haber escuchado hacía ya mucho tiempo. Estaba acostumbrado, los sueños indescifrables y las letras que fluían por su cabeza sin sentido aparente eran cosas de todos los días.
     Lentamente se dirigió al aparato reproductor que reposaba sobre la mesa del comedor.
     Música al fin.
     ¿Qué canción quería escuchar? ¿Qué pensarían los vecinos si hasta sus oídos llega un rock pesado a las 7 de la mañana? ¿Y si ponía un melódico?
Con todas estas preguntas sin responder, y bajo la incógnita mayor de por qué las estaba planteando, llegó al cuestionamiento más difícil de afrontar.
     ¿Qué música reproduciría si en ese momento estuviera absolutamente aislado?
     Sintió que se caía. Era la primera vez que le sucedía completamente consciente.  Ya había experimentado esa sensación mientras se dormía.
     Estar volando pacíficamente, absoluto silencio y tranquilidad. Una caída. La cama.
     Decidió reprimir esas ideas, era lo más conveniente.
     Se fue a interactuar con un mundo al cual suponía no querer pertenecer mientras vivía pendiente de las repercusiones de sus actos en él.
     Sin embargo su mente solo estaba en esa mañana, su apartamento y el reproductor de música. Como un círculo vicioso cualquier aspecto que recordaba de las horas previas lo conducía inexorablemente a pararse en la misma cornisa.

     Sintió que gritaban su nombre. No logró reconocer el tono de voz, ni visualizar a quién emitía ese sonido ahogado, como llorando.
     Avanzó en la oscuridad con el eterno e ineludible miedo de chocarse contra algo, lo que fuera.
     Una repentina luz lo cegó. Cuando sus ojos se acostumbraron, vislumbró en la lejanía una figura incompatible con cualquier ser que conociera.
     El deseo avasallante de correr hacia ella lo colmó mientras pensaba que después de todo no solo en las películas las personas se dirigen voluntariamente a lo que parece ser un monstruo. Decidió tomar nota mental de eso para analizar esa conducta humana,  si lograba salir de donde sea que se encontrara encerrado.
     La luz se transformó en completa oscuridad en menos de un segundo. Fue tan repentino que ni siquiera lo notó hasta que sintió las sábanas rozando su torso desnudo.
     Misma historia interminable e inentendible.


     Otra canción lo acompañó esta vez. Sin embargo la situación era análoga a la de los días previos.
     Estaba acostumbrado a lidiar con eso. Al principio le parecía asombroso y pasaba horas intentando saber el por qué de esa melodía y letra apareciendo en su cabeza. Pero con el tiempo se tornó frustrante.
     Caminó en línea recta desde la cama hasta el aparato de música. Lo encendió y aunque – y porque – intentó evitarlo, la misma pregunta empezó a darle vueltas.
     ¿Qué pasaría si no hubiera ninguna influencia externa?
     Estaba sumido en sus pensamientos, intentando comunicarse consigo mismo, cuando alguien tocó la puerta y lo hizo salir.


     - ¿Acaso es imposible estar a solas con uno, sin que tarde o temprano un factor externo te obligue a abandonar ese estado? – pensó en voz alta, aprovechando que en ese momento nadie podía oírlo.