Escribir "chau" es una forma de textualizar lo que estoy por hacer. Hoy decidí cambiar, seguir adelante. Realmente no me arrepiento de nada, porque cada paso que di, fue un aprendizaje; como esa herida que tengo en la rodilla desde los seis años, me lastimé muchas veces antes y después de esa, pero ninguno de los accidentes me dejó una marca tan profunda y duradera, una cicatriz que va a quedar ahí para siempre.
Esta historia es de las más raras e increíbles que conozco. Si alguien viniera y me contara todo lo que nos pasó no le creería ni una sola palabra. Llegaste cuando menos te esperaba, cuando más te necesitaba. Empezaste a meterte en mi cabeza de a poco, día a día te ganaste mi confianza y mis pensamientos, paulatinamente, sin que pudiera siquiera notarlo. Cuando caí en lo que sentía, ya era demasiado tarde. Te quería, y no había manera de evitarlo.
Fuiste mi primer amor, y, por consiguiente, estaba experimentando cosas nuevas, desde las maripositas en la panza hasta el extrañarte todo el tiempo que estaba despierta. Pero ¿qué extrañaba si no te conocía? Tus palabras, cómo me hacías sentir, en vos podía confiar, tenía una persona que me entendía, no me juzgaba, y yo sabía que me iba a leer cuando lo necesitara. Ahora que tomé la decisión de dejarte atrás, me doy cuenta que empiezo a borrar sueños e ideaciones y los recuerdos que me quedan son todos de chat, videollamadas y mensajes; eso no hizo que los sentimientos fueran menos intensos, por lo menos de mi parte. No me importaba no verte, no tocarte, porque sabía que estabas, que el que escribía eras vos. Igual no me preocupaba por estarme enamorando de una persona que vive a 250 kilómetros de mí, decidí no frenarlo, porque me sentía querida y segura.
Te vi una vez sola y me bastó para recordarte once meses, para amarte durante todo ese tiempo.
Pero esto se basó en distancias, en promesas jamás cumplidas, en miedos y egoísmo. Como también lo hizo en amor, confianza, celos, necesidades. Estuvo lo más lejos que se puede de ser llamado "perfecto", pero para mí fue suficiente. Te amaba y creía que vos también lo hacías.
"Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin siquiera tocarte." ¡Qué verdad! Te amé al punto de no comer, y al de comer todo lo que se me cruzaba. Te deseé y te extrañé como nadie. Te perdoné las veces que fue necesario, me dejé en segundo plano, me manejé a tus tiempos, te esperé, te acompañé, "te", "te", "te". He aquí el problema, siempre fue todo sobre vos. Estábamos los dos tan pendientes de que estuvieras bien que yo dejé de importar, me dejé de importar.
En algún momento la rutina aburre, preparar la misma torta nos da ganas de cambiar la receta. Las palabras dejaron de alcanzar. Después de sentirme defraudada y sola, porque eso es lo peor, la soledad siendo dos, creí merecer algo más, una demostración para sentirme segura, para saber o por lo menos creer que no te ibas a ir, que ibas a luchar. Pero no, no llegó. Todo lo contrario.
Por primera vez voy a pensar en mí, y esto no es "en caliente", lo pensé varias noches, desde hace tiempo. Tengo que hacer mi vida antes de compartirla con alguien. Esto ni siquiera es compartirla, es perseguirte. No es un enojo pasajero ni un despecho. Va más allá de eso, se trata de mí.
Podríamos representar nuestra vida como un pizarrón. Nos rayan diferentes personas, y siempre se borra lo que nos escriben. Hasta que un día alguien se equivoca y escribe con marcador permanente, y por más que pasemos un trapito con alcohol la mancha queda ahí, por un buen tiempo o quizás para siempre. Mi mente va a tener una marca que lleva tu nombre, siempre. Nuestra historia no va a morir nunca, porque la escribí, y seguramente siga escribiendo. Ojalá cuando crezca pueda leerla y recordarte con una sonrisa, como una musa para mi obra.
Te amo, gracias por enseñarme tanto, perdón por los errores. Ojalá tengas una vida genial con alguien que te valore y vos sepas valorar. Esta vez decido borrar los puntos suspensivos. Chau.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar