domingo, 6 de octubre de 2013

Ser parte de... ¿qué?

     Encajar. Eso es lo que la mayoría busca. 
     Con las redes sociales jugando un rol protagónico en este momento, las tendencias tienen un alcance mucho mayor a nivel mundial, afectando a una gran cantidad de adolescentes.
     Viviendo un presente en el que parece que un "Me gusta" en Facebook vale más que un abrazo, y ser popular es más importante que tener amigos, se vuelve más sencillo sentir que no encajás.
     Los estereotipos existieron siempre. Una Barbie, el millonario que fuma habano, la familia que vive en una casa de dos pisos con un Golden que siempre que le tirás la pelota la va a buscar y te la devuelve.
     ¿En qué lugar nos deja la aparente obligación de ser igual a lo que nos muestran? 
     Ser flaco, inteligente, popular; escuchar cierto tipo de música o vestirse de tal forma. Estamos condicionados por todo lo que nos rodea.
     Dejarse llevar por la corriente parece ser mucho más cómodo que lograr decir "así soy yo".
     Una persona con obesidad, además de cargar con su peso, debe enfrentar las burlas del resto, y el hecho de que los flacos son más valorados en la sociedad. Al tener sobrepeso se les dificulta hasta conseguir trabajo. 
     Una adolescente puede estar absolutamente saludable, pero la exposición constante a mujeres "hermosas" en la televisión o en las revistas, en las que se representa a la figura femenina "perfecta" ultra delgada, puede desencadenar el deseo en la chica de ser como ellas. Y eso puede tener consecuencias fatales.
     Al parecer seguir a todos genera una seguridad en quien lo hace, porque nunca va a estar solo. ¿Qué seguridad puede brindad vivir en constante cambio, sin tener una base real de pensamiento o gusto?
     Hasta ser diferente está esquematizado. 
     Al querer eliminar estas diferencias a veces se terminan creando algunas aún mayores. Desear "incluir" a estos individuos y empezar marcando que no son como deberían, es lo que termina siendo problemático.
     Todos somos diferentes. 
     El parámetro de idealismo es tan pequeño que casi nadie entra en él, y sin embargo la mayoría sufre por pertenecer.

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