jueves, 20 de agosto de 2015

Pulseras

Miro mi muñeca; 8 pulseras. Recuerdo que cuando era niña tenía una muñeca hermosa que dormía conmigo todas las noches, con ella compartía mis pulseras.
"No es suficiente", pensé.
Imaginaba su rostro, transfigurado, violento, deshumanizado. Imaginaba sus manos, sucias, callosas, fuertes. Imaginaba mi rostro, enrojecido, hinchado, cubierto de sangre. Imaginaba las patadas, los escupitajos. No. No imaginaba. Recordaba. Y al recordar predecía. El disco rayado, estancado en la misma secuencia. Mismo ritmo, el tiempo corriendo. Repetición. El volumen más alto, el dolor más agudo.
Mi cuerpo cuasi desnudo, cubierto de golpes cubiertos de maquillaje.
Mi mente, cubierta de golpes cubiertos de droga; el maquillaje de los pensamientos.
Es hora de que pase el próximo. La entrepierna me pide a gritos y palpitaciones que me detenga, que la deje en paz. "Ssssssssh", la callo.
Agitación, dolor, piel que se abre, piel que entra, gritos, dolor, manos aferradas al duro cemento, dolor, palabras entrecortadas, dolor. Se acabó.
Cierro los ojos a esta asquerosa y mojada realidad, a esta cárcel de esquinas. Entrada, recepcionista, salida. Billetes húmedos, inmundos. Alquiler.
Es de día. Fin de la jornada.


Él me quiere, lo sé. Me cuida, me protege. Estoy bajo su ala. Algo tengo que hacer a cambio.

Hace cuatro años que nos conocimos. Fue en un boliche. "Qué linda sos, me das tu número". Las tardes de sábado en la plaza, las noches en mi cama. El viaje sin retorno.
Me ama. Por algo me eligió a mí, habiendo tantas chicas por ahí. Piensa que soy linda, que mi cuerpo es admirable, que tengo fuerza, que le gusto a los hombres. Sí, él me valora.


Nunca me buscaron.



Lo peor fue el comienzo. El desconcierto, la sorpresa, el miedo. "Conozco a toda tu familia. Cuidado con lo que hacés"; pastillas. La primera noche, el roce de unas manos desconocidas, un par de labios sobre los míos, entre los míos. Fue repugnante. Lloré por horas. Lloré mientras la historia se repetía, con diferentes protagonistas. Mi cuerpo lloró entero. "Muy bien, empezaste bárbaro, bombón", y la caricia.



¿Qué más tengo?



Intenté escapar. Cuatro meses después de mi llegada ya me permitían estar sola. Quise pedir ayuda. Me atraparon, buscaron a mi hermano, lo vi, lo tenían. Volví. "Te hacés la viva, putita". Golpe, golpe, golpe, golpe, golpe, oscuridad.



Tengo que huir.



15 pulseras en mi muñeca. Mejor. Quizá me de un poco de comida. Agua.



Estoy embarazada.



Me va a llevar a la casa de un amigo suyo. No me puedo quedar con el bebé, no es rentable para el negocio. Siento miedo. No quiero, no quiero, no quiero. El palo. Cierro los ojos.



Ya no hay pulseras.